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La noche no tanto un período de tiempo como un cúmulo de sensaciones.

Suavemente se desliza, escala el cielo, lo atrapa y la delata su oscuro aliento. De la mano, la noche te lleva al dormitorio y te desnuda y te despoja de toda la parafernalia. En su luz tímida, a veces inexistente, eres tú, el único, el inigualable tú.

Satisfecho te envuelves en la túnica blanca de César de aquel imperio escondido de Morfeo. Y siente tu piel el roce y luego la caricia. Es la tela la que transporta las sensaciones de tus sentidos cuando caen tus miembros como pesos muertos.

Y en tu trono yacente escuchas los sonidos del silencio, la noche te los revela, es una buena amante y mejor consejera.

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